¡¡¡Hola a todxs, queridxs amantes de la literatura!!!
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| Imagen generada por Gemini AI |
Esta semana les traigo la reseña del primer libro de la bilogía “semilla terrestre”, La parábola del sembrador, editado originalmente en 1993.
La autora
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| Fuente: LA Times |
Butler se graduó en el Pasadena City College y comenzó la California State University de los Ángeles, estudios que abandonaría para formarse en Escritura en la Universidad de Los Ángeles.
La autora escribió tanto relatos como novelas, en las que exploraba, a través de la ciencia ficción especulativa, temáticas como la raza, la sexualidad, el sexo o la religión. De la producción literaria de Butler destaca la trilogía de Xenogénesis, también conocida como La estirpe de Lilith (Amanecer, Ritos de madurez e Imago).
Falleció en Washington el 24 de febrero de 2006 a los 58 años.
La obra
Sinopsis
Esta aclamada novela posapocalíptica de esperanza y terror, de la galardonada escritora Octavia E. Butler, armoniza con otras grandes obras distópicas, como «1984» o «El cuento de la criada».
Cuando el cambio climático global y las crisis económicas conducen al caos social a principios de la década de 2020, California se llena de peligros, desde la escasez generalizada de agua hasta las masas de vagabundos que harán cualquier cosa para sobrevivir otro día más. Lauren Olamina, una joven adolescente de quince años, vive dentro de una comunidad cerrada con su padre, un predicador, su familia y sus vecinos, relativamente protegida de la anarquía circundante. En una sociedad donde cualquier vulnerabilidad es un riesgo, ella sufre de hiperempatía, una sensibilidad debilitante hacia las emociones de los demás. Precoz y lúcida, Lauren debe hacer oír su voz para proteger a sus seres queridos de los desastres inminentes que su pequeña comunidad ignora obstinadamente. Pero lo que comienza como una lucha por la supervivencia pronto conduce al nacimiento de una nueva fe y a una sorprendente visión del destino humano.
Opinión personal:
“Quizá Dios sea una especie de niño grande jugando con sus muñecos.”
Antes de empezar, vamos a ver en cuántos capítulos y secciones está dividido este libro:
2024 es la primera parte y contiene los 3 primeros capítulos y es donde se plantea el mundo distópico.
2025 es la segunda parte y contiene 6 capítulos y acá nos muestra los primeros indicios de “semilla terrestre”
2026 es la tercera parte, con 4 capítulos, siendo esta la parte quizá en la que más uno puede empatizar con Lauren, la protagonista
2027 es la parte final y tiene 12 capítulos. Es el tramo final y lo que menos me gustó.
El libro comienza en 2024 (los tres primeros capítulos), en donde se hace un pantallazo de lo que es esta sociedad distópica en la que vive nuestra protagonista, una sociedad que se fue al carajo por culpa del cambio climático, las diferentes crisis sociales y políticas que ha llevado a un aumento de la violencia y el consumo de drogas brutal, así como el aumento de la pobreza, la escasez de agua y seguridad. Apuesto a que les suena…
Nuestra protagonista, Lauren es una adolescente que vive en un barrio cercado por un muro que la protege a ella, su familia y sus vecinos de todo eso (violencia, pobreza, drogas..), pero a veces ni siquiera esos muros pueden impedir que la vida de ahí fuera termine alcanzándolos.
Acá, la autora plantea temas que se sienten súper actuales y qué podemos ver en el día a día: este nuevo tipo de esclavitud en el que estamos viviendo, en donde trabajamos por un sueldo que no alcanza para nada (y a veces solo se trabaja por techo y comida), habla de la religión, de la empatía, del dolor y la supervivencia. Pero también habla de algo que en pleno siglo XXI (está reseña la estoy publicando a finales de 2026) lo estamos viendo mucho, y es los Estados cerrándose en sí mismos y las sociedades separándose casi que en castas para poder sobrevivir.
Y lo más terrible de todo es que la autora sitúa la historia en 2024. ¡2024!
Dicen que la distopía es ese tipo de género literario en el que todas las malas predicciones tienen sentido, y hasta hace no mucho en varios lugares yo he escuchado que empezó a decir que estamos viviendo en una distopía. Eso es lo que hace todavía más extraordinario no solo a este género sino específicamente a este libro.
Es una lectura difícil, sí pero que al mismo tiempo logra atraparte desde el párrafo uno por la narración tan cercana y la forma de escribir tan campechana que tiene y eso hace que uno pueda empatizar con la protagonista (que sufre de un trastorno llamado súper empatía, por el cual muchas veces se queda paralizada al poder sentir el dolor que sienten las demás personas y ver un acto de violencia).
Cualquier persona contratada por KSF le costaría bastante vivir con el salario que ofrecen. Sospecho que, al cabo de no mucho tiempo, esos nuevos trabajadores estarían en deuda con la empresa. Es un viejo truco de los pueblos fabriles: endeudar a la gente, atraparla y obligarla a trabajar más. Servidumbre por deudas.
Tiene algo que llama la atención si no estás acostumbrado a este tipo de inclusión de personajes, y es que la mayor parte de sus personajes son de minorías (afrodescendientes, comunidad hispana, etc), mientras que las personas blancas están pero no son tan importantes, no sé cómo explicarlo.
Leyendo reseñas para entender más o menos de qué iba el libro, me topé con una bastante interesante que le pone muy mala nota al libro y que en su sincericidio, quién lo escribió explica y hace un resumen del libro en el que cuenta que la trama daba para más, pero qué es repetitiva.
Así que, como yo tuve esa advertencia cuando la estaba leyendo, me agarro de esa reseña para hacerles la misma advertencia.
Pero lo que a mí más me enganchó de esta novela es la filosofía con tintes teológicos que plantea la autora a través de su protagonista, que recordemos que es una chica de 15 años, hija de un pastor y que descubre que la religión de su papá ya no satisface su curiosidad y decide formar una religión propia a la que llama semilla terrestre.
Ahora bien ¿Cuál es esa filosofía?
A diferencia de las religiones tradicionales, no adora a una deidad con forma humana ni promete milagros; se basa en la observación directa de la naturaleza y el universo. Sus pilares fundamentales son:
1. El principio supremo: Dios es Cambio
La constante del universo: Para Semilla terrestre, Dios no es un ser consciente, justo o vengativo. Dios es el Cambio mismo, una fuerza impersonal e inevitable que moldea la realidad.
Moldeamiento mutuo: El axioma principal dice: «Todo lo que tocas, lo cambias. Todo lo que cambias, te cambia a ti. La única verdad duradera es el Cambio. Dios es Cambio».
Acción humana: Dado que Dios es el cambio, los humanos no deben rezar para pedir ayuda, sino aprender a prever el cambio, adaptarse a él y moldearlo activamente a través de la razón y el esfuerzo comunitario.
2. El Destino: La siembra en las estrellas
El propósito superior: El fin último de Semilla terrestre es que la humanidad abandone la Tierra y viaje al espacio para colonizar otros mundos.
Supervivencia de la especie: Lauren argumenta que la humanidad es una "semilla" y que la Tierra es solo el suelo inicial. Para evitar la extinción masiva provocada por sus propios errores (guerra, crisis ecológica), la especie debe dispersarse por el cosmos. Esto le da a sus seguidores un propósito a largo plazo que trasciende la miseria de su vida cotidiana.
3. Organización y comunidad:
Adaptabilidad: La filosofía exige flexibilidad. Aferrarse a viejas estructuras o tradiciones que ya no funcionan en un entorno destruido es sinónimo de muerte.
Apoyo mutuo: Semilla Terrestre fomenta comunidades unidas, autosuficientes y diversas, donde la educación, el trabajo agrícola, la defensa mutua y el cuidado del prójimo son esenciales para resistir la brutalidad del exterior.
Lo único malo que le veo a la novela es que desaprovecha todo lo que planteó al inicio con estos 12 capítulos que más parecían sacados de “La larga marcha” de S. King (que es una novela que a esta lectora no le gustó). ¿Lo peor? Tiene tintes parecidos, pero también sus diferencias (que son sutiles y tuve que digerir para hacer esta reseña). Por ejemplo: 1. (Similitud) En ambas novelas, los personajes están expuestos a los elementos, al cansancio extremo y a la violencia. La carretera desdibuja el pasado de los caminantes y los reduce a su capacidad física para seguir avanzando. (Diferencia) En La larga marcha, el sistema obliga a los jóvenes a competir entre sí. Aunque surgen lazos de amistad, el destino final es la traición inevitable del instinto de supervivencia. En La parábola del sembrador, Lauren Olamina lidera creando una comunidad. El grupo crece porque aprenden a confiar los unos en los otros, compartiendo recursos y defendiéndose juntos. 2. (Similitud) Caminar sin detenerse es la única forma de mantenerse con vida. Detenerse o rendirse equivale a una muerte segura, lo que genera una tensión psicológica constante en los personajes. (Diferencia) Los caminantes de King huyen de los soldados que vigilan sus pasos y les disparan si bajan de las cuatro millas por hora (un peligro institucionalizado). Los caminantes de Butler se defienden de la anarquía, las bandas callejeras y el caos ambiental de un ecosistema en ruinas (un peligro derivado del colapso del Estado). 3. (Similitud) Los dos mundos muestran sociedades colapsadas o desensibilizadas. En King, el público aclama un espectáculo mortal; en Butler, el mundo exterior está dominado por ladrones, violadores y drogadictos que atacan a los vulnerables. (Diferencia) El viaje de King es un callejón sin salida ideado para el entretenimiento de las masas y el control social. No hay un propósito elevado. En cambio, el tramo final de la novela de Butler es una peregrinación hacia la libertad. El dolor del camino tiene un sentido: sembrar las semillas de una nueva religión y un nuevo estilo de vida que asegure el futuro de la humanidad.
Otra obra con la que no pude evitar comparar esta novela es “cien años de soledad”, y es que existe una conexión conceptual y crítica sumamente profunda, aunque no directa en términos de un guiño o referencia explícita entre autores.
Hacia el final de La parábola del sembrador (Parable of the Sower), los personajes que conoce Lauren Olamina —como Emery, Grayson y sus respectivas hijas— comparten antecedentes de esclavitud por deuda moderna y explotación corporativa (debt slavery). Esta experiencia retrata de forma explícita el fenómeno del corporativismo extractivo, el mismo trasfondo histórico y literario que denuncia Gabriel García Márquez en Cien años de soledad mediante la Masacre de las Bananeras.
Las conexiones clave entre ambas obras
1. El modelo de la "Ciudad de la compañía" (Company Town) y el peonaje por deuda
En Cien años de soledad: La llegada de la United Fruit Company a Macondo transforma la economía local. La empresa controla el empleo, paga con fichas o vales utilizables únicamente en sus comisariatos y despoja a los trabajadores de sus derechos laborales básicos, sumiéndolos en una espiral de dependencia económica.
En La parábola del sembrador: Octavia Butler traslada este modelo histórico al futuro distópico. En la novela, ciudades privatizadas como Olivar (compradas por la corporación Koffman-Sing) y los campamentos de trabajo en el norte reclutan a personas desesperadas ofreciéndoles "seguridad" y empleo. A cambio, los trabajadores reciben salarios miserables y vivienda pagada a la misma empresa, acumulando una deuda perpetua que los convierte legalmente en esclavos de corporaciones empresariales.
2. La deshumanización del capitalismo desmedido
En ambas novelas, las grandes corporaciones se benefician de la extrema vulnerabilidad de la población o de la inestabilidad política. La opresión no ocurre solo mediante la violencia directa, sino también manipulando la necesidad básica de alimento, techo y protección de la gente.
3. Raíces históricas compartidas
García Márquez ficciona un evento real de la historia colombiana: la masacre de 1928 cometida contra los trabajadores de la bananera por exigir condiciones laborales dignas.
Octavia Butler, estudiosa de la historia afroamericana, de las plantaciones del sur de EE. UU. y de los monopolios mineros/agrícolas, tomó ese mismo mecanismo de opresión económica (el sharecropping o peonaje) para advertir cómo el capitalismo desregulado reactivaría formas de esclavitud en el siglo XXI.
En resumen
Aunque pertenecen a géneros diferentes (el realismo mágico en el contexto latinoamericano frente a la ciencia ficción/especulación afrofuturista en el contexto estadounidense), ambas autoras identifican la misma amenaza histórica: cuando las corporaciones privadas asumen las funciones del Estado y controlan el sustento de la gente, las personas dejan de ser ciudadanas y vuelven a convertirse en propiedad.
Es por todo lo antes expuesto (y me lo tuve que pensar mucho, porque hay un tramo que flopea y que me recordó mucho a “la larga marcha”) que la nota es 5,5/10 (2,75/5✨).
Y, como esto es todo, me despido.
Hasta la próxima reseña.
Chaíto!!




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